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Como encontré trabajo en Londres en una semana (sin casi saber inglés)

Estaba decidida, terminaba COU y con un inglés justito (porque yo había sido de francés toda la vida), me había decidido a ir a Londres a trabajar. Entonces no existían casi agencias o escuelas que te ayudaban o te acompañaban en el proceso, y menos si querías ir a trabajar, así que finalmente me decidí. Tenía 18 años, unos padres que confiaban en mí, un billete de avión y 1 semana de estancia en el RMI London Hostel en el 15, de Southwell Gardens regentado por unas monjitas, que todavía hoy siguen haciendo la maravillosa labor de cuidar de sus niñas mientras están allí (lo sé porque las visité hace apenas dos años).

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Todavía recuerdo mi llegada al aeropuerto (gracias que no era Heathrow), para una chica de una ciudad de 60.000 habitantes, Londres era grande, grande. Ni corta ni perezosa (yo siempre he sido bastante resuelta en estos casos) busqué el tren que me llevaba al centro, después el metro, y por último la línea que me llevaba a mi destino. Parece que siempre ha existido el móvil, pero no, por entonces en España todavía era algo muy raro, en Londres si se veían, pero el AZ londinense te sacaba de apuros cuando necesitabas una dirección. Llegué a Gloucester Station con mi maleta y lo que vi ante mí al salir fueron las escaleras (no mecánicas) para llegar a la calle. Mientras pensaba cómo llegaría arriba, un hindú me cogió la maleta y me preguntó a dónde iba. Siempre le estaré agradecida, me acompañó 10 minutos hasta mi nuevo hogar y me dejó el equipaje en la puerta. Si algo recuerdo de aquellos meses pasados en la ciudad, es la cantidad de gente que me ayudó, gente desconocida, gente que conocí y se hicieron mis amigos de los cuales todavía conservo alguno, gente que pasó por mi vida un tiempo  o unas horas y que dejaron en mi un pedacito de ellos.

Una vez en la habitación, después de esos primeros días, el mundo se me vino encima y tras un rato de congoja pensé esto es lo que yo quería y allí estaba. Al día siguiente las cosas eran distintas, tras un sueño reparador y un desayuno arropada por las chicas que compartían hostel conmigo.

Recuerdo cuando Vivi entró por la puerta, llovía (sí,, llovía y mucho) yo estaba en recepción organizando mi búsqueda de trabajo. Nos presentamos y desde ese momento fuimos inseparables. Enseguida decidimos que el trabajo no iba a venir a nosotras, así que nos pusimos a buscar ofertas en los periódicos, esperamos la salida del TNT el periódico dónde podías encontrar nuevas ofertas cada semana, hicimos llamadas (con nuestro inglés macarrónico), cruzamos Londres para hacer entrevistas y en menos de una semana teníamos trabajo. Vale, ya sabemos que no era el trabajo de nuestras vidas, pero podíamos quedarnos en Londres, mejorar nuestro inglés y vivir una experiencia que puedo deciros, no olvidaré jamás.

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De esta experiencia me llevé muchas cosas, pasé momentos muy buenos y muy malos, risas y lloros, pero ahora mirando atrás sé que esa experiencia en parte me convirtió en lo que soy, Me dio independencia, aprendí a confiar en mi misma y sobre todo me dio tablas en la vida.

Por eso cuando alguien me llama para preparar una estancia en el extranjero, para pedirme consejo para elegir un destino, un trabajo o para preguntarme si merece la pena. Yo que lo he vivido le puedo decir que si, que merece la pena.

Que además de una lengua aprenderás muchas cosas más, convivir con otras culturas, sacarte las castañas del fuego, ganarás confianza en ti mismo. ¿Y tú? ¿Has tenido alguna experiencia similar? Me encantaría que la compartieras con todos nosotros.

Y si todavía no lo has hecho pero este artículo te ha inspirado. No dudes en consultar nuestra web https://www.chrisescueladeidiomas.com/nuestras-estancias-lingsticas/ 

Confiamos poder ayudarte en dar el paso adelante.